Ecorregiones de la Argentina II: las selvas en galería

Autor: Juan Carlos Chebez

Consideradas mayormente una extensión de otras formaciones vegetales que por razones de dinámica fluvial y microclima se expanden por fuera de los límites de otras selvas de mayor extensión, este ambiente ha sido mayormente olvidado o subestimado en las descripciones nacionales de la biogeografía argentina y muchas veces, si bien fue mencionado, al no ser mapeable por una cuestión de escala, fue desapareciendo mayormente de los planes de acción conservacionistas.

Si bien existen selvas ribereñas empobrecidas y muy simplificadas a lo largo de algunos ríos que bajando de las yungas atraviesan la zona chaqueña, sin restarle importancia, no serán parte de nuestro análisis que focalizaremos en el nordeste argentino donde esta formación alcanza su máximo desarrollo.

Tampoco incluiremos aquí, aunque reconociendo su estrecha relación con el ambiente tratado y que aquí proponemos como ecorregión, a los bosques ribereños o de inundación con pocas especies pero con gran densidad de individuos y que muchas veces se constituyen en la primera etapa de colonización boscosa de los sitios donde luego de sucesivas crecientes se instalará la selva en galería. Nos estamos refiriendo a los bosques de sauces criollos, alisos de río o palo bobos, ceibos, curupíes y en algunos lugares del timbó blanco o de bañado, y que trataremos al referirnos a la ecorregión del Delta e Islas del Paraná.

Entre las selvas en galería, de ribera o matas ciliares, término brasileño con que se las reconoce en ese país, distinguimos corredores selváticos que usando de vías de dispersión a los grandes ríos Paraná, Uruguay, Paraguay y sus afluentes, se instalan en sus márgenes, flaqueándolos por largas distancias, ubicados mayormente en los albardones ribereños que, a veces, los flanquean a modo de barrancas y que por lo general fueron formados con el limo provisto por las grandes crecientes de dichos ríos. El pulso de la inundación es una característica ecológica importante de los mismos por el aporte de sedimentos que mencionamos y de semillas así como por el arrastre de estas a otros sitios aguas abajo.

La selva en galería del Paraná:
Podemos distinguir dos grandes tipos de selva, las primeras son de origen misionero o paranaense que también podrían denominarse mesopotámicas, pues siguen mayormente la distribución de los ríos de esa región permitiendo que muchas especies vegetales y animales misioneras se distribuyan más al sur en las provincias de Corrientes, Entre Ríos y en el mismo nordeste bonaerense, así como siguiendo los afluentes pueden ingresar en el interior provincial (principalmente de Corrientes y Entre Ríos) creando un rico mosaico de ambientes donde el elemento subtropical está a cargo de las mismas.

En general unas pocas especies de la selva alta misionera o paranaense se vuelven riparias o ribereñas y algunas lo hacen por trechos más acotados, predominan en cambio especies bajas pero de frondoso desarrollo con hasta uno o dos estratos bien definidos de vegetación y sirviendo de soporte a numerosas plantas epífitas que crecen sobre sus copas. En el piso de la selva y el sotobosque aparecen también especies de interés. Ya en la misma provincia de Misiones estas selvas son notables dentro de la selva alta pero no tan evidentes allí, pues no hay una clara distinción entre una formación y otra, aunque es visible que ciertas especies como el ibirá-pitá o caña fístula y el sotacaballo son más abundantes cerca de los ríos y arroyos o en sus valles fluviales. En el sur de la provincia, en plena zona de los campos (ver Ecorregiones Olvidadas I) arroyos como el Yabebirí, el Agrupa y su afluente el Pindapoy son buenas muestras de selvas en galería en Misiones permitiéndole a varias especies selváticas colonizar ese ambiente abierto y mayormente pastoso.

De allí en más las selvas del Paraná se constituían en una ancha cinta que flanqueaba prácticamente toda la costa de este río en forma bastante definida hasta la altura de Goya perdiendo especies en su progresivo avance hacia el sur. En el norte de Corrientes un árbol particularmente abundante en ellas, aunque más raramente podría también crecer en bosquecillos más alejados del agua, es el curupay, conocido en el noroeste como cebil colorado; estando presente también el curioso ambay que vive asociado con una hormiga, sin escasear las cañas altas que ya en Misiones eran un elemento tan característico de las selvas marginales del gran río que en lugar de su nombre indio de tacuaruzú muchos las referían simplemente como tacuara Paraná.

En fecha reciente se ha hallado un árbol nuevo para el país y que soporta bastante bien las inundaciones periódicas llamado Arary. Al sur de Goya las selvas en galería del Paraná se vuelven notablemente más pobres en especies y se limitaban a las altas barrancas entrerrianas llegando hasta la altura de Diamante e incluso poco más al sur. Entre la fauna de este sector sobresalía en el pasado el muitú, una gran pava de monte que parece haberse extinguido en las selvas de norte correntino; y aún puede verse el Yapú, un boyero grande de linda coloración que subsiste en bajo número. Sin ser exclusivos de ellas estas selvas permiten el avance en territorio correntino de mamíferos como el coendú chico, la paca y el oso melero o caaguaré, sin contar otros que lo hacían en el pasado como el tapir, el coatí y el pecarí de collar. También el mono carayá negro baja por estas selvas hasta la altura de Goya.

Las selvas en galería del Uruguay:
Por otra parte por el río Uruguay y en clara dirección norte-sur se dispersaban muchos elementos misioneros y por ello varios consideran que la riqueza biológica del Delta inferior, donde se encuentran vestigios del "Monte blanco" (nombre local con que se conocía allí a estas selvas que por el nordeste bonaerense llegaban hasta la latitud de Punta Lara), se debía a la influencia de este río que llegaba en forma más directa y con menos interferencia de islas o bañados tributarios que retuvieran sus aportes.

Así además de una serie de elementos misioneros que llegan al sector correntino y a un afluente bien conservado como lo es el río Aguapié que desagua al sur de Santo Tomé y donde pueden contarse el gato onza, el coendú, el caaguaré u oso melero, el acutí bayo y, en el pasado, el oso hormiguero grande y la yacutinga, tenía allí elementos propios y exclusivos como el carpinterito ocráceo, especie conocida en el país sólo de un pequeño tramo entre Garabí y Barra Concepción, en el sudeste de Misiones. Si bien de Yapeyú hacia el sur desaparecen muchos elementos subtropicales existen pequeños árboles y arbustos exclusivos de esta formación al menos en la Argentina, principalmente pertenecientes a la diversa familia de las Mirtáceas y que vulgarmente son conocidos como matos, guayabos y arrayanes pero involucrando varias especies de más de un género. Se cree también que la palmera pindó se dispersó por esta vía hasta el delta bonaerense donde la recuerda un topónimo: el Paraná de las Palmas, y algo parecido habría ocurrido con la caña yatebó o tacuara brava, de gruesas espinas, cuya terminal de distribución se encuentra en la bonaerense selva de Punta Lara.

Algunos murciélagos frugívoros o nectarívoros lo usaban en el pasado para alcanzar latitudes tan australes como la ciudad de La Plata y se postula que ya no lo hace por las numerosas interrupciones que sufre este ambiente. La pava de monte común, hoy en lenta recuperación se distribuía a lo largo de estas selvas y aunque sea rara sobre el curso principal de Uruguay, las poblaciones del bajo delta y de los afluentes del sur de Corrientes deben interpretarse como relictos de una mayor distribución pasada. Varios passeriformes se distribuyen hacia el sur usando como vías estas selvas, destacándose particularmente varios fruteros o tangarás.

Las selvas en galería chaqueñas:
Formando otro tipo de selva o si se quiere distrito se encuentran las del este del Chaco y Formosa y que están ligadas mayormente al río Paraguay y una faja de selvas en sentido norte-sur en el extremo sudeste del Chaco que incursionan en el Nordeste de Santa Fe, en el departamento Gral. Obligado. Al primer tipo pueden suscribirse las selvas del Paraguay y las del Bajo Pilcomayo y Teuco o Bermejo y las de los riachos intermedios en Formosa conocidos como Porteño, Monte Lindo, He-he, Malvinas (o Inglés), Pilagá y su afluente el Guaycolec y el Mbiguá, entre otros. En Chaco aparecen las selvas del Zapirán, del Quia, del Río de Oro, del Tragadero, del Tapenagá y del Negro, como las principales.

Lo interesante de esta formación es que se advierten elementos en común con las selvas en galería del norte correntino, es decir, paranaenses, con otros que en la Argentina son propios de las yungas o selvas tucumanosalteñas, discutiéndose aún si su presencia en este ámbito se debe a antiguas conexiones hoy perdidas entre ambas selvas a través del Chaco Seco o bien a una distribución en campana de estos elementos que también llegan al Pantanal y bajarían flanqueando el curso del Río Paraguay, regresando de este modo a la Argentina. Además hay especies propias cuyo origen se relaciona más con las matas ciliares del Cerrado brasileño y que nos llegan a través del Pantanal.

Todo esto hace que, en más de una vez, se diga que en valores de biodiversidad total las selvas del este de Formosa y Chaco sean las segundas en biodiversidad del país luego de las misioneras, así podremos ver en ellas elementos paranaenses como el ingá, el ambay, el ibirá-pitá o caña fístula, el alecrín, el espina de corona conviviendo con bosquecillos de palo blanco y de palo lanza o lanza amarilla presentes en las yungas y especies como el mataojos chaqueño que vendrían bajando desde el pantanal. Entre la fauna son elementos característicos el muitú y el mono mirikiná, que cuentan allí con sus últimas poblaciones en la Argentina, aunque se sabe que el mono incursiona también en isletas de monte fuerte, formación típicamente chaqueña. Es estas selvas se encontró una especie de rana Hypsiboas varelae y otra de roedor Kunsia fronto chacoensis conocidas por poquísimos ejemplares y hasta ahora sólo del Río de Oro.

Además se han encontrado poblaciones del mono caí de la raza yungueña y del alto chaco, de la paca y del acutí bayo demostrando una neta influencia misionera como lo confirman recientes avistajes de aves que se tenían como exclusivas de misiones como el Yasíyateré grande y el colorido Arasarí fajado. La lechuza conocida como Urucureá grande oriental que para algunos es una raza y para otros una buena especie, tiene como hábitat predilecto estas selvas. Ya desde el sudeste del Chaco ingresando al nordeste de Santa Fe hay una especie de lomo o antiguo albardón, bastante interior y de discutible tratamiento en consecuencia como selva en galería pero, si se estudia la composición de especies, resaltan varias de las ya nombradas como el alecrín sumando la caña conocida como picañilla. Evidentemente en el pasado esas selvas fueron parte de la selva en galería del Paraná y merecen el mayor interés biogeográfico por lo que nos animamos a incluirlas aunque en situación parecida están varias de las existentes en la mitad occidental de Corrientes ya que el Paraná tuvo varias variaciones de curso, bien documentadas.

Como se verá es mucho lo que tienen para decir estas selvas en galería para que las consideremos apenas una extensión o una versión empobrecida de otros ambientes, siendo para la mayoría de las provincias nombradas los ambientes más biodiversos y curiosamente por su escasa superficie y dificultad de mapeo y percepción de los más expuestos a desaparecer.

En el sur de Misiones, la creciente expansión urbana de Posadas, Apóstoles van reduciendo su extensión y sin olvidarse de numerosas obras viales o infraestructura que las afectan. Al igual que la creciente contaminación. Tanto Misiones como Corrientes tienen un problema serio en el anegamiento provocado por la represa y que en Corrientes afectó la mejor muestra de la Selva Paranaense. Por más que se han hecho reservas compensatorias aún resta el llenado total de la presa y se prevé todavía una mayor afectación de los ambientes naturales.

Garabí es otro proyecto hidroeléctrico que causa una creciente preocupación y que afectará principalmente las selvas en galería de Misiones y de un pequeño sector de Corrientes. Los proyectos de establecer diques o presas pequeñas para abastecer de agua a arroceras en terrenos cercanos ha generado una seria preocupación en la provincia de Corrientes ya que justamente dos de los ambientes mejor conservados como lo son las selvas del Ayuí y las del Aguapey  figuran entre las primeras candidatas a sufrir este uso que las fragmentará y atomizará olvidando su rol primordial de corredores biológicos. La presa del Salto Grande fue un revés fatal para el río Uruguay ya que nos privó para siempre del magnífico salto que interrumpía la navegación y anegó un enorme tramo de selvas (las más ricas de Entre Ríos) aguas arriba de Concordia y penetrando en territorio correntino.

El establecimiento de ciudades y puertos de importancia en la costa entrerriana del Río Uruguay generó otras interrupciones importantes y algo parecido se puede decir para las costas del Paraná. En el caso de las selvas en galería chaqueñas, la amenaza por las arroceras parece de las más graves aunque en general todavía mantienen un buen estado de conservación. En cuanto a las medidas de protección tomadas, si bien numerosas reservas nacionales, provinciales, municipales y hasta privadas contienen pequeños fragmentos amén de que no fue la selva en galería el motivo principal de su creación (ej: PN El Palmar) no alcanzan en ningún caso a salvar muestras representativas aunque sea con figuras blandas de reservas de uso múltiple o paisaje protegidos.

Entre los proyectos que urge concretar se encuentra el rescate de las cuencas del Agrupa-Pidapoy en Misiones, del Aguapié y el Ayuí en Corrientes, del Alto Uruguay en los departamentos Apóstoles y Concepción de Misiones, del Rincón Ombú con sus bosques relictuales de Arary en Corrientes, del Parque Binacional argentino-uruguayo a la altura del dpto. Colón y otro similar en el dpto. Gualeguaychú en la cuenca del Gualeguay y del Feliciano, en el interior de Entre Ríos, las selvas en barrancas del proyecto de Reserva Natural Militar Campo Sarmiento, vecino al Parque Nacional Predelta; de los Relictos de monte blanco en el Delta bonaerense relevados recientemente por la cátedra de ecología regional de la UBA, de los montes del dpto. Gral Obligado en el nordeste de Santa Fe y de las selvas en galería del Tragadero, Tapenagá, Río de Oro y Zapirán en Chaco sin olvidar el injustamente postergado proyecto nacional de Reserva Natural Silvestre Laguna El Palmar, a orillas del Río Paraguay en Las Palmas, en la misma provincia. Aunque es en Formosa donde se encuentran las mejores oportunidades y sumados a los que aporta el PN Pilcomayo y la Reserva de la Biosfera Laguna Oca sobre el Río Paraguay deberían agregarse reservas efectivas que protejan las selvas de los riachos Pilagá-Gauycolec, Monte Lindo y He-he en carácter prioritario.

De esta manera queda demostrado que aún es mucho lo que podemos hacer por estos ambientes que prácticamente se desarrollan en zonas marginales para el establecimiento permanente y las actividades económicas del hombre convirtiéndose en sitios de alto interés ecoturístico casi desaprovechados en la actualidad. En definitiva cuando en la Reserva de Punta Lara avistamos un ave de origen subtropical como un humilde Arañero Coronado Chico es porque todavía el antiguo corredor sigue funcionando.
 
Especies mencionadas en el texto y su equivalencia científica:
Acutí bayo: Dasyprocta azarae.
Alecrín: Holocalyx balansae.
Aliso de río o palo bobo: Tessaria integrifolia.
Ambay: Cecropia pachystachya.
Arañero coronado chico: Basileuterus culicivorus.
Arary:Calophyllum brasiliense
Arasarí fajado: Pteroglossus castanotis.
Caña picañilla: Guadua paraguayana.
Caña yatebó o tacuara brava: Guadua trinii.
Carpinterito ocráceo: Picumnus nebulosus.
Ceibo: Erythrina crista-galli.
Coatí: Nasua nasua.
Coendú chico: Sphiggurus spinosus.
Curupay o cebil colorado: Anadenanthera colubrina
Curupí: Sapium haematospermum.
Espina de corona: Gleditsia amorphoides.
Fruteros o tangarás: Fam. Thraupidae.
Gato onza: Leopardus pardalis.
Ibirá-pitá o caña fístola: Peltophorum dubium.
Ingá: Inga vera.
Mataojos chaqueño: Pouteria glomerata.
Matos, guayabos y arrayanes: Fam. Myrtaceae.
Muitú: Crax fasciolata.
Mono caí: Cebus apella.
Mono carayá negro: Alouatta caraya.
Mono mirikiná: Aotus azarai.
Murciélagos frugívoros: Fam. Phyllostomidae
Murciélagos nectarívoros: Glossophaga soricina.
Oso hormiguero grande: Mymercophaga tridactyla.
Oso melero o caaguaré: Tamandua tetradactyla
Paca: Cuniculus paca.
Palo blanco: Calycophyllum multiflorum.
Palo lanza o lanza amarilla: Phyllostylon rhamnoides.
Pava de monte común: Penelope obscura.
Pecarí de collar: Pecari tajacu.
Pindó: Arecastrum romanzoffianum.
Sota caballo: Luehea divaricata.
Sauce criollo: Salix hulmbodtiana.
Tacuaruzú o caña Paraná: Guadua chacoensis.
Tapir: Tapirus terrestris.
Timbó blanco o de bañado: Albizia inundata.
Urucureá grande oriental: Pulsatrix pulsatrix.
Yacutinga: Pipile jacutinga.
Yapú: Psarocolius decumanus.
Yasiyateré grande: Dromococcyx phasianellus.

 Fotografía: selvas en galería del Río de Oro, Chaco. (Bárbara Gasparri)



20 de Septiembre de 2009

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