Preparan el regreso del guacamayo rojo a la Argentina


Un grupo de científicos del CONICET, en colaboración con distintas instituciones del ámbito público y ONG, se encuentran trabajando en el proceso de reintroducción al país del guacamayo rojo, o Ara chloroptera, luego de casi 200 años de su extinción en la región. La liberación de la primera camada de ejemplares tendrá lugar entre septiembre y octubre del presente año en la Reserva Natural Provincial Iberá, de Corrientes.

Igor Berkunsky, investigador del CONICET en el Instituto Multidisciplinario sobre Ecosistemas y Desarrollo Sustentable (ECOSISTEMAS) de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), brindó una charla en nuestra ciudad para contar en qué estado se encuentra el proceso de reintroducción de la especie y su importancia ecológica. La actividad se desarrolló en el auditorio de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y contó con una nutrida asistencia, entre estudiantes, docentes, científicos y público en general.

El investigador hizo un recorrido sobre las primeras evidencias de guacamayos en la historia, la presencia de las distintas especies a lo largo del continente y las causas que fueron motivando la extinción de algunas de ellas. “El hombre siempre estuvo vinculado a los guacamayos. Los pueblos originarios los adoptaron porque son excelentes mascotas, adaptables, inteligentes. Pero también porque fueron utilizados para elaborar trajes o adornos aprovechando sus coloridos plumajes”, afirmó.

“Lo que no se suele asociar a esto es que para construir esos atuendos es necesario cazarlos. Las amenazas entonces tienen que ver con la cacería de los individuos, la persecución por parte de aquellos que los consideran perjudiciales para los cultivos, y toda la industria fundada en la compra de las pieles y plumajes. Hoy en el mundo quedan apenas dieciséis especies”, agregó el experto.

La decisión de reintroducirlos

Hace 200 años el guacamayo rojo habitaba el Nordeste argentino (NEA) y había ejemplares en Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones. Berkunsky, junto con Adrián Di Giácomo, investigador del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET) y otros profesionales, tomaron la decisión de restaurar la especie al lugar que le pertenece.

Según Berkunsky, “los guacamayos cumplen un rol ecológico clave. En un escenario de islas de monte como las que tenemos en el NEA su función es muy importante como dispersores de semillas o frutos: con lo que ellos van tirando desde arriba, como descarte de su propia ingesta, se alimentan las especies que están abajo. Por ejemplo, los mamíferos. Son los arquitectos en el mantenimiento del sistema, y sin individuos que cumplan esa tarea las islas pierden diversidad”.

Además, la motivación tiene que ver con que se trata de especies amenazadas y vulnerables que en lugares como Iberá pueden estar a salvo. En países vecinos, como Paraguay, sur de Brasil y Bolivia, las poblaciones de esta especie carecen de áreas protegidas de gran tamaño. Otro aspecto que hace trascendente su reinserción es el atractivo turístico que le otorgan al parque.

Con todas estas ideas, los expertos comenzaron a trabajar en la posibilidad de realizar una liberación experimental, instalando poblaciones de guacamayos e investigando el restablecimiento de sus funciones ecológicas. Luego de decidir que el mejor hábitat era Iberá, buscaron individuos dispersos en zoológicos del país y el continente para comenzar a armar una red de cría ex situ, es decir con ejemplares alojados en distintos lugares, pero con un trabajo coordinado y organizado.

“Cuando salimos a buscar individuos para repoblar, nos encontramos con que había lugares en donde los guacamayos rojos estaban apareados con otras especies, produciendo híbridos. Es decir, no había una política clara para producir stock”, contó.

El grupo estableció acuerdos con centros y zoológicos de nuestro país, Paraguay y Brasil, que se interesaron en aportar sus guacamayos a la red y así comenzaron a censarlos, anillarlos y realizarles estudios genéticos para su seguimiento. El Centro de Conservación de la Fauna Silvestre “Aguará”, de Corrientes, prestó sus instalaciones para los experimentos previos y el espacio de acopio de los individuos que formarán parte de la primera liberación.

Asimismo, los estudios genéticos se llevan a cabo en el Laboratorio de Biología de la Conservación del CECOAL en un área de ecología molecular montada en 2014 por el CONICET con el objetivo de impulsar las investigaciones y formar recursos humanos en una disciplina que es prioritaria para el NEA.

“Hoy en Aguará hay once guacamayos. Los cedieron los zoológicos de La Plata, Olavarría, América, y Río Negro. En la red ex situ tenemos más de diez parejas. La idea es generar otras que produzcan más individuos. En la primera experiencia, liberaremos seis u ocho animales”, afirmó.

Lo que falta

“Los guacamayos son muy flexibles, hasta se adaptan a ambientes con especies exóticas para ellos. Necesitan sitios para nidificar, como huecos de árboles, paredones rocosos o barracas; y alimentación, que pueden ser semillas o frutos inmaduros. Nosotros estamos ahora buscando qué variedades tienen disponibles en Iberá a lo largo del año, las recolectamos y se las ofrecemos para que empiecen a reconocerlas como alimento y, una vez abierta la jaula, puedan explorar e identificar la fruta, lo que hará más suave la adaptación”. En ese sentido, los investigadores camuflaron tubos de PVC para crear nidos artificiales y facilitarles la reinserción.

“Los primeros liberados llevarán un collar y un microchip, lo que nos va a permitir el seguimiento y monitoreo de la población. La idea es ver por dónde se mueven, qué área usan, si se quedan en la zona o vuelan a Paraguay, por ejemplo. Lo pueden hacer. Los guacamayos son sedentarios, pero hay especies que pueden llegar a volar, de ser necesario, hasta 100 kilómetros diarios para ir a buscar comida y volver a sus dormideros”, aseguró.

Luego de realizada la liberación del guacamayo rojo, el grupo apuntará a reinsertar otro viejo habitante de la zona: el muitú o Crax fasciolata, especie de pava de monte en peligro de extinción, de difícil observación en zonas de Chaco y Formosa, donde es víctima de la caza furtiva. Los últimos ejemplares se extinguieron en Corrientes con el llenado de la represa de Yacyretá. “En el caso del muitú la red ex situ en el país es bastante pobre y el proceso será un poco más complejo”, cerró Berkunsky.

Fuente: laplata-conicet.gov.ar/



16 de Agosto de 2015

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