Ecorregiones de la Argentina VII: el Chaco Serrano

Autor: Juan Carlos Chebez y Bárbara Gasparri

Bajando como una faja por las laderas orientales de las sierras subandinas en el norte y las pampeanas más al sur, se extiende un distrito chaqueño poco difundido a no ser por los naturalistas cordobeses que siempre lo vieron con gran interés por sus curiosidades florísticas y faunísticas y por las tristes noticias en la prensa de los grandes incendios de bosques en esa misma provincia.

A grandes rasgos nuestro gran fitogeógrafo y botánico Ángel Lulio Cabrera distinguía cuatro distritos en el Chaco, dos de ellos por la superficie involucrada y abarcar varias provincias no encajarían precisamente como Ecorregiones Olvidadas y son el Chaco Húmedo u oriental del este de Formosa, Chaco, nordeste de Santa Fe y noroeste de Corrientes, y el Chaco Seco u occidental que cubre todo el centro y oeste de Formosa, Chaco, extremo noroeste de Santa Fe, norte de Córdoba, Santiago del Estero casi en su totalidad, este de Tucumán, de Salta, y Jujuy principalmente por el valle del río San Francisco, afluente del Bermejo.

Este autor también incluye con ese nombre un amplio ecotono o transición entre el Chaco y el Monte que desde las Salinas Grandes en la confluencia de las provincias de Santiago del Estero, Catamarca, Córdoba y La Rioja se extiende por el este de Catamarca, La Rioja, San Juan, extremo nordeste de Mendoza, norte de San Luis y noroeste de Córdoba y que varios autores posteriores reconocen como casi un distrito aparte y al que se llama Chaco Árido. En ese caso por oposición el Chaco Seco u Occidental es denominado Chaco Semiárido.

Otro distrito que distingue Cabrera es el de las Sabanas y es exclusivo del centro norte de Santa Fe con algunas extensiones en el sur de Chaco, sudeste de Santiago del Estero y nordeste de Córdoba pero muy diluidas o transformadas por la agricultura y la acción humana. Esta zona es geográficamente más conocida como los Bajos Submeridionales y para muchos es apenas una sub-región o distrito de la ecorregión del Chaco Húmedo y así lo trataremos en esta serie en el futuro.

Curiosamente el Chaco Serrano o Distrito Chaqueño Serrano de Cabrera en la última clasificación de ecorregiones de la Argentina terminó fusionado y diluido, igual que el Chaco Árido, con la ecorregión del Chaco Seco u occidental con el que tiene notables diferencias.

El Chaco Serrano se desarrolla en faldeos y laderas montañosas en el este de Jujuy, centro de Salta, este de Tucumán, este de Catamarca, este de la Sierra del Velasco y otras serranías más australes de La Rioja, el faldeo oriental de la Sierra de Valle Fértil en el este de San Juan, el Cerro Remate, y la Sierra de Guasayán en el oeste de Santiago del Estero y rodea por completo las Sierras Grandes y Chicas de Córdoba para penetrar en San Luis por la Sierra de Comechingones y rodear también los faldeos de la Sierra de San Luis.

Encaja como una cuña entre el Chaco Seco u occidental y las Yungas y en otros sectores con el Monte y el Espinal y a pesar de su amplia extensión latitudinal la superficie cubierta es muy acotada pues se desarrolla preferentemente en los faldeos orientales que reciben los últimos vientos húmedos del Atlántico, llegando en algunas quebradas profundas y encajonadas a tener una densidad arbórea y de epífitas que recuerda claramente a los entornos yungueños, formación selvática del noroeste con la que evidentemente guarda estrecho contacto compartiendo algunas especies vegetales y animales que así se animan, hasta hoy en día, a llegar a provincias como Córdoba o San Luis muy lejos del límite austral de aquellas selvas.

Se calcula que su desarrollo en altura no pasa de los 1.800 m s.n.m. aunque existe una clara sucesión de comunidades desde los bosques basales hasta los matorrales o pastizales de altura que es discutible incluir en esta formación o ecorregión.

De norte a sur podemos decir que esta formación vegetal se vuelve mas evidente en provincias como Córdoba, San Luis, San Juan y Santiago del Estero dado que en ellas es probablemente el bosque más biodiverso y si se quiere, más próximo a una selva más allá de sus componentes claramente de origen chaqueño que lo emparentan con esa gran formación biogeográfica.

En las provincias del norte su presencia se diluye ante la magnificencia de la vecina selva tucumano-oranense, nuboselva o Yungas que es la que en su riqueza paisajística y su alta biodiversidad lo opaca sin querer. De allí que casi no se hable en la literatura de esa formación que quedó injustamente postergada y que sin dudas debe tener diferencias en sus comunidades vegetales que merecerían mayor atención y estudio.

En contraste, especialmente en Córdoba, el Chaco Serrano ha sido ampliamente estudiado por botánicos como Kurtz en 1904, más tarde por Parodi en 1942 y hacia fines del siglo XX por ecólogos vegetales como Ricardo Luti, Eduardo Gómez Molina y Marcelo Cabido, por solo citar algunos de sus referentes más importantes.

El típico bosque del Chaco Serrano lo componen el molle de beber o molle blanco que segrega en sus hojas una resina cáustica por lo cual la gente comenta que el árbol “flecha” a quien pasa cerca y especialmente al hachero que lo tale. Incluso la erupción cutánea que produce es conocida como “sarna del molle”. Es un arbolito de hojas brillantes y de un género que curiosamente reaparece en los fachinales del sur de Misiones donde se lo conoce como chichita y donde se cuenta la misma historia en versión femenina. El único modo de librarse de ese efecto, es saludarlo al pasar o pedirle disculpas por cortarlo.

Otro árbol que cuenta con más especies en las selvas del norte argentino es el coco, cocucho o cochucho, muchos creen equivocadamente que la famosa localidad del valle de Punilla, Los Cocos, es por una especie de palmera que prestada desde el Espinal se mezcla en ciertas zonas con esta formación, pero en realidad el nombre hace referencia a este árbol que se ahueca de un modo característico y que tiene aguijones en los tallos y las hojas.

Acompañan a estos dos árboles bien característicos el manzano del campo o sacha-manzana, el tala serrano, el molle serrano, el piquillín montano, el abreboca o piquillín del loro y elementos prestados por el Chaco Seco como el peje o quebracho flojo, el tintitaco o “espinillo”, el churqui (como aquí se llama al popular espinillo), el atamisque, la tusca, varias cactáceas, el cedrón del monte, y algunas populares aromáticas como la peperina, sin olvidarnos de numerosas herbáceas y lorantáceas parásitas conocidas como ligas o muérdagos de diferentes géneros. Entre las piedras son comunes los cojines de bromelíaceas o chaguares como los de los géneros Dyckia y Deuterocohnia.

Pero sin dudas el elemento que representa a los bosques más maduros de Chaco Serrano y probablemente los más espectaculares, aunque naturalmente no crecían en toda su área de distribución, sino en ciertas laderas y quebradas, estando hoy muy modificados por la tala son los que se consideran la comunidad climáxica o principal de esta formación. Nos referimos al horco-quebracho, también denominado orco-quebracho, y más popularmente con el nombre de quebracho colorado. Efectivamente diferentes especies del género Schinopsis que reúne a los “quebrachos colorados” distinguen al Chaco Húmedo u oriental, al Chaco Seco u occidental y al Chaco Serrano, faltando en el Chaco Árido.

A todos se los denomina por igual quebrachos colorados pero deberíamos recuperar este nombre mestizo de horco-quebracho, mitad quichua, mitad criollo, que quiere decir “quebracho del cerro”. Por lo general no llega a tanta altura como sus parientes y además de diferencias en sus hojas, son llamativos sus troncos retorcidos.

En ciertos sectores como la ladera oriental de la Sierra del Velasco en La Rioja, y en las provincias del noroeste, el Chaco Serrano incorpora una especie que tiene bastante difusión en las calles de la Ciudad de Buenos Aires como árbol de sombra y que es conocido como arca, visco, o viscote y que es una leguminosa alta del género Acacia que por lo general reúne a especies pequeñas o bajas.

Otra especie con una distribución similar es el yuchán, o palo borracho de flor amarilla, que últimamente se ha propuesto considerar la misma especie que el de flor rosada (criterio que no compartimos) y que con su tronco en forma de botella revista las laderas del Chaco Serrano en Catamarca y otras provincias del noroeste, mezclado con una especie de cardón (Trichocereus terschekii). Este tipo de bosque tiene en su fauna influencia yungueña y otros admiten cierta influencia de la Prepuna, quizá inducidos por la presencia de los cardones pero recordamos que es una especie diferente a la que predomina en esa ecorregión.

A veces, ciertos bosques de timbó o de cebil o curupay también se consideran un ecotono de las Yungas con el Chaco Serrano pero es difícil establecerlo por el alto grado de transformación.

En Córdoba, Cabrera propone dos comunidades que son los bosques de tabaquillo y los pastizales de gramíneas de los géneros Stipa y Festuca como propios de esta ecorregión o distrito pero para nosotros se trata más bien de islas de los Altos Andes, otra ecorregión que trataremos por separado.

Más discutible es un piso que al trepar por las sierras grandes aparece inmediatamente por encima de los bosques antes referidos y es el del romerillo o romerillo de la sierra (Heterotalmanus alienus) y que forma densos arbustales en una especie de ecotono con los pastizales de altura y en consecuencia podemos incluirlos como el piso superior del Chaco Serrano o una comunidad más de esa curiosa isla altoandina que es la Pampa de Achala y zona de influencia en Córdoba.

En los valles y quebradas, pero por lo general nunca lejos de caminos o establecimientos humanos se dan bosquecillos ribereños del molle, pimiento o aguaribay, un árbol de grueso tronco que tiende a ahuercarse y hermoso follaje caedizo y que es tan característico que cuesta creer que no haya estado siempre ahí formando una comunidad característica. Según parece este árbol que los incas se encargaron de difundir desde el Perú por todo el incanato y al que llamaban “mulli”, y que lo consideraban sagrado, además de un sabroso condimento, llegó a estas zonas en tiempos muy remotos sin desmerecer el tráfico de plantines que haya existido ya en épocas de la conquista y colonización ya que precisamente por Córdoba pasaba la ruta que unía Buenos Aires con Lima en tiempos del Virreinato.

En cuanto a la fauna, cuesta encontrar en esta ecorregión especies exclusivas, máxime si quitamos el centro de endemismos de la Pampa de Achala por su origen Altoandino.

Entre las aves que llegan a Córdoba gracias a la existencia de estos bosques, podemos citar al Esparvero Variado, en el pasado el Calancate Cara Roja, el Picaflor Enano, el Piojito Pardo, el Fiofío Plomizo, la Mosqueta Ceja Blanca, el Burlisto Copetón, el Tuquito Rayado, el Birro Común, el Anambé Grande, el Zorzalito Boreal, el Zorzal Cabeza Negra conocido localmente como “mandioca marinera”, y hasta hace pocos años, el Zorzal Chiguanco que ahora está en plena expansión usando arboledas exóticas por el oeste y parte de la Patagonia, el Arañero Corona Rojiza, el amenazado por los tramperos y colorido Rey del Bosque y el Sietevestidos Serrano que es probablemente una de las aves más fieles a este ambiente.

En otras provincias, como San Juan son muy numerosas las especies hasta ahora conocidas en ese territorio provincial solo en la ladera oriental de la Sierra de Valle Fértil en coincidencia con los bosques de Chaco Serrano y lo mismo pasa en las Sierras del Velasco en La Rioja con varias especies que estudió en detalle el ornitólogo Manuel Nores, repitiéndose el patrón en la Sierra de Guasayán en Santiago del Estero. Es decir, el Chaco Serrano actúa como un corredor hacia el sur y hacia el sudoeste de muchas especies de origen yungueño o incluso chaqueñas, que están ya en el borde de su geonemia como podría ser en San Juan el caso del Carpintero Lomo Blanco o la Viudita Chaqueña por citar dos ejemplos. Tampoco debemos olvidar especies como el Carpintero Negro que tiene en los bosques del Chaco Serrano una de sus poblaciones principales y aunque su área de distribución incluye el Chaco en toda su extensión, se presenta en un curioso patrón de parches, faltando en zonas intermedias por razones que no están claras.

Desde ya que en los otros grupos animales se repite un patrón parecido pero que no ha sido todavía bien clarificado.

Desde el punto de vista de la conservación, así como en el noroeste está desdibujada la presencia de esta ecorregión, podríamos decir que también no está claro allí qué reservas lo amparan o deberían ampararlo y debería ser una urgencia incorporar sectores que la incluyan en las provincias de Jujuy y Salta.

Baritú y Calilegua, igual que El Nogalar, son Parques Nacionales yungueños que no lo incluyen, igual que Campos de los Alisos y el sector chaqueño que está en El Rey no está demasiado claro que sea típico del Chaco Serrano sino un probable contacto directo del Chaco Seco con las Yungas pero no debe descartarse que la intervención humana haya desdibujado la situación original. Seguramente sierras más australes de Salta como la de Metán, Lumbreras y Candelaria, tengan buenas muestras de este tipo de bosque en Salta, igual que la de Medina y Burruyacu en Tucumán.

En Santiago del Estero se impone la protección de la Sierra de Guasayán que está declarada reserva simbólicamente y del Cerro El Remate. En Catamarca habría que buscar sectores de Chaco Serrano en las Sierras de Ambato y Ancasti y proteger la Quebrada de las Cébilas.

En La Rioja se impone una reserva o varias en la ladera oriental de la Sierra del Velasco, especialmente en la Finca El Cantadero con sus bosques de arca o visco y debe recordarse que por ahora la teórica Reserva Provincial Los Cabrera creada para proteger la taruca, no garantiza su objetivo original ni la protección del Chaco Serrano ya que abarca pastizales de altura y tiene fallas de diseño y falta de implementación. En las sierras que afloran como islas en los llanos riojanos, hay buenos orco-quebrachales que urge proteger.

En San Juan, el Parque Provincial Valle Fértil que en teoría alberga la ladera oriental de esa sierra tan rica en biodiversidad, nunca fue debidamente implementada y ha sido injustamente opacada por el Parque Provincial Ischigualasto, rico en paleontología pero mucho mas pobre en biodiversidad actual.

En San Luis poco y nada, a no ser pequeñísimas reservas como La Florida, Bajo de Véliz provinciales y el Salto El Tabaquillo, privado, amparan algunas muestras de este ambiente. Los Parques Provinciales Presidente Perón y Papagayos no dejaron de ser buenas intenciones e incluían principalmente palmares densos de la carandilla común que es un elemento más bien del Espinal. El proyecto de hacer un corredor de las Sierras de Comechingones que abarque toda la ladera occidental de esa sierra, nunca se concretó pero es muy interesante, igual que la protección de la Quebrada de las Higueras y la ladera norte de las Sierras de San Luis.

Finalmente Córdoba es la que más hizo aunque la mayoría de las reservas son de pequeña superficie y están desconectadas entre sí. El Parque Provincial Cerro Colorado protege los únicos montes de mato, una mirtácea que reaparece en las Yungas y en la Selva de Montiel, de la provincia. Igual que crecientes poblaciones de la Charata, una interesante pava de monte. También debemos sumar la Reserva Provincial Chancaní aunque el sector de Chaco Serrano de la misma es más que insuficiente y la recientemente creada Reserva Provincial Paso Viejo que carece de implementación efectiva. Otra reserva que incluye este ambiente es La Quebrada en Río Ceballos y es materia de discusión cómo la Reserva Hídrica Provincial Pampa de Achala y su núcleo el Parque Nacional Quebrada del Condorito, contribuyen para amparar esta formación ya que solo ingresa marginalmente o con algunas comunidades como los “romerillales”.

A nuestro juicio urge la protección de los grandes manchones de horco-quebracho que milagrosamente aún subsisten a pesar del hacha y los fuegos recurrentes como los del cerro Uritorco (tristemente más famoso para avistar OVNIs y prácticas esotéricas que por su riqueza biológica que lo tendría que convertir en una meca de las áreas protegidas locales) o los de la Quebrada del Río Pinto o Cuchi-Corral. No debemos olvidar la Cueva de los Pájaros en Tanti que alberga una colonia del Vencejo de Collar y la Quebrada del Río Yuspe con una población relictual del lobito de río y que pueden protegerse abarcando sectores vecinos de Chaco Serrano.

Dejamos para el final una buena noticia que fue la reciente creación por convenio entre el Ministerio de Defensa y la Administración de Parques Nacionales de la Reserva Natural Militar “La Calera”, ubicada en un lugar estratégico y que contiene muestras de este ambiente.

Sometido a fuegos constantes y más allá de que en su origen la flora podía resistir ese pulso natural, pero no ya con la continuidad con que se produce en la actualidad, poniendo en peligro vidas humanas, viviendas, centros turísticos, creemos que llegó la hora de colocar al Chaco Serrano como una de las metas conservacionistas nacionales para revertir esta situación. Los esfuerzos pioneros como el de Ricardo Luti, el gran botánico, ecólogo y conservacionista cordobés, nos obligan a ser coherentes con su memoria y buenos alumnos que supimos comprender su prédica.



01 de Enero de 2011

Comentarios



  1. #1   FranciscoLucero dijo: 09.01.2011 - 22:51hs Excelente nota que muy bien nos comenta la situación de esta ecorregión tan interesante, felicitaciones.

  2. #2   JuanHuergo dijo: 30.05.2011 - 22:54hs Muy bueno!!...

  3. #3   Maria Eugenia dijo: 28.08.2011 - 01:21hs Muy interesante para trabajarlo en el aula. Gracias

  4. #4   Elena Saavedra Rosas dijo: 15.09.2013 - 22:02hs Un articulo muy interesante...clarificando datos de nuestra maravillosa geografía. Todas estas áreas, deberían ser permanentemente custodiadas, pues siempre hay gente despiadada,que no le importa nada de nada.



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